CALZADO Y CUIDADO DE LOS PIES EN EL CAMINO DE SANTIAGO

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El Camino de Santiago es una larga travesía de cientos de kilómetros por senderos que se adentran en parajes naturales y aldeas recónditas que miles de peregrinos procedentes de todo el mundo recorren cada año. TodoNatura ha seleccionado un itinerario de 116 kms por el Camino Francés, desde Sarria (Lugo) hasta Santiago de Compostela (La Coruña), dividido en cinco etapas a pie, de manera que cualquier persona pueda llegar a la meta, la catedral de Santiago.

Los impulsos que mueven a cada peregrino a calzarse unas buenas botas, echarse la mochila al hombro y emprender la ruta son muy diversos. Lo cierto es que, en todos los casos, hay un reto por superar en el que los pies jugarán un papel muy importante, aguantar la marcha durante todo el recorrido.

Calzado y calcetines adecuados

La elección del calzado es lo primordial, pues si no hacemos una buena elección podrían aparecer lesiones que dificulten nuestro objetivo. Ante todo, debe ser un calzado cómodo y adaptado ya a nuestro pie, es decir, usado. Un calzado nuevo y recio acabaría por lastimarnos durante la caminata.

En cuanto al tipo de calzado, un factor fundamental a tener en cuenta es la ruta que se tenga prevista recorrer, ya que el calzado se debe adaptar a las características del terreno:

  • Las botas de montaña sería la mejor opción para terrenos irregulares y zonas con un clima más adverso.
  • El calzado de marcha o zapatillas de trekking sería la mejor opción para recorrer caminos o senderos de baja montaña y zonas de clima más cálido.

Por tanto, unas zapatillas de trekking con suela amortiguadora y más altura en el talón que en el antepié, para evitar sobrecargas musculares, es un calzado firme y ofrece agarre en los distintos tipos de terrenos, por lo que consideramos que sería el calzado más recomendable para nuestras 5 etapas del Camino Francés

También hay que tener en cuenta la talla del calzado. Si el zapato queda muy suelto podrían aparecer ampollas por la fricción. Por otra parte, si el zapato se ajusta demasiado al pie, provocaría también lesiones como heridas, hematomas subungueales, ampollas, helomas o callosidades. No obstante, las zapatillas de trekking deben tener holgura en la zona del antepié para que los dedos se muevan libremente y evitar posibles hematomas bajo las uñas.

Otro elemento fundamental de nuestro equipamiento son los calcetines, deben ser de tejido transpirable, con talón y puntera reforzadas, sin costuras o con las costuras protegidas y un pequeño porcentaje de lycra para una óptima sujeción al pie. Lo más recomendable es el tejido Coolmax, una fibra que gestiona y expulsa la humedad manteniendo el pie fresco y seco. Asímismo, debemos evitar que los calcetines estén húmedos y que estén bien colocados para prevenir la formación de ampollas. Aprovecha los descansos para limpiar y secar los pies y cambiarte de calcetines si están húmedos. 

Protección de tus pies y recuperación después de cada Etapa

  • Un baño de agua fría o templada, utilizando un jabón neutro, durante 10-15 minutos después de cada etapa aliviará las molestias causadas por el cansancio. Es conveniente secar detenidamente los pies con una toalla suave, sin dejar humedad entre los dedos para evitar la aparición de hongos, verrugas o bacterias.
  • Realiza unos ligeros estiramientos de los dedos de tus pies tanto en flexión como en extensión para disminuir la tensión de la musculatura del pie.
  • Realiza un ligero masaje en la planta del pie para relajar dicha musculatura y fascia de la planta del pie.
  • Hidrata la piel de tus pies con pequeñas cantidades de cremas y aceites para prevenir la aparición de sequedad, grietas u otras lesiones dérmicas. 
  • Procura que tus pies “respiren” hasta la siguiente etapa. Utiliza chanclas o sandalias para que les dé el aire y que se oxigenen.
  • Revisa tus zapatillas de trekking, comprueba que estén en buen estado y déjalas en un lugar que se aireen. 

Remedios para las ampollas

Ante la aparición de ampollas, lesión dérmica más frecuente, provocadas por el roce (fricción), la presión o el sudor, actuaremos de la siguiente manera:

  • Si la ampolla fuera poco dolorosa, los podólogos recomiendan no tocarla y poner encima un apósito especial para ampollas, de esta manera evitaremos una posible infección. Este remedio no es recomendable si la ampolla fuera muy grande o estuviera supurando
  • Si la ampolla fuera dolorosa, recomiendan los podólogos extraer el contenido con instrumental estéril. Para ello cogeremos una aguja de sutura estéril y atravesaremos la ampolla con ella dejando el hilo de dicha sutura dentro, así el liquido de la ampolla se irá drenando por dicho hilo y posteriormente aplicaremos un antiséptico. 
  • En ningún caso se recomienda retirar la piel, debemos esperar que se caiga por si sola, ya que la piel que recubre la ampolla es una defensa natural contra infecciones y rozaduras.