Un viaje que transforma
Sentada en mi sillón, todavía siento el latido frenético de la India, un flujo de emociones me invaden como si aún siguiera recorriendo esas calles llenas de vida, color y caos. Mi corazón se acelera y un cosquilleo recorre todo mi cuerpo… estoy en plena resaca energética después del fascinante viaje “Yoga y Espiritualidad en el Norte de India”
Ese país, tan poderoso, decadente y espiritual al mismo tiempo, me transforma cada vez que lo visito, más allá de su ambiente, sus paisajes y sus grandiosos monumentos, hay una inhalación profunda de sabiduría ancestral. Cada rincón que he visitado, desde la espiritualidad de Varanasi hasta el bullicio de Delhi, ha dejado en mí una huella distinta. Mamá India tiene esa forma única de sacudirme y de llevarse consigo, junto con algunos kilos, la rigidez mental, la impaciencia y la incapacidad de aceptar las cosas como se presentan, ya sea el retraso de mi vuelo, la comida picante, la suciedad, la pobreza, o un resfriado que llega sin avisar.
La India no solo me mostró sus ciudades vibrantes, sino que me conectó con una cultura milenaria, donde reina la serenidad, la humildad y el agradecimiento. Este país me toca y me remueve como pocos lugares pueden hacerlo, desde que subo a uno de sus tuk-tuks, una gran sacudida energetica me saca de mi zona de confort y me enseña a fluir, como el río Ganges o el Yamuna, y puedo sentir que dentro de lo sucio está lo más puro y sagrado, que el loto está en el lodo, que la riqueza no está en lo material, que los opuestos son complementarios, que en el caos está el orden y dentro del bullicio está la calma.
Después de 14 horas de sueño profundo, una por cada día que hemos vivido en este viaje, me doy cuenta de que mi cuerpo ha vuelto y que mi alma sigue allí… me siento un poco huérfana! Mamá India me sigue llamando y pronto volveré a recibir su abrazo, volveré a mirar esos ojos oscuros tan profundos que derraman mis lágrimas, volveré a recorrer sus calles sucias y rotas entre el gentío, las vacas y los rickshaws, a dejarme ensordecer por el ruido de sus cláxones, a pisar con mis pies descalzos sus templos sagrados, a participar en sus rituales y a inundarme de su energía transformadora.
Este año volveré a la India y tú puedes formar parte de esta aventura: un viaje para saborearlo con todos los sentidos, que te cautivará como ningún otro y cambiará tu manera de mirar la vida. ¿Te atreves a descubrirlo?
